El helado de chocolate de desliza entre sus pechos y él,  lentamente,  lo saborea.
(Al menos eso es lo que dice la novela. Yo no sé por qué desperdician el helado, con lo caro que están los potes de Nestlé, seguro que la novela no se escribió en Cuba, pero bueno, continúo la historia…)
Derek (así se llama el protagonista), eufórico de pasión, de un tirón hace saltar los botones de su camisa.
(Dios mío, mira que romper una camisa, yo lo mato, con lo caras que están las camisas en la tienda. Cómo se le ocurre romper una camisa? A ver, de dónde es la que escribió el libro? Ahhhhhh, ya sabía yo que no era de aquí. Mejor continúo…)
Laura, aun con la mezcla poderosa del chocolate entre sus senos (mira como restriegan lo del chocolate) alza la mirada y con la voz acaramelada, casi en un suspiro, lo nombra: Derek, Derek…Derek.

Qué va. No leo más novelas rosas, entre los helados de chocolate y las camisas rotas me van a volver loca. Mira que romper una camisa…

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