//A cierto corresponsal de guerra que me dio la idea… y los correos.

Ellos, con sus diminutas ropas de duendecillos planean atacarlo antes del amanecer.
Es terrible el demonio que ha encallado en sus costas.

Según el consejero militar los mensajes cifrados son muy confusos, parece que intentan ocupar (aunque este no sea el término exacto que hayan utilizado) cierto territorio, blanco por la descripción, donde habita este terrible gigante.

Sin embargo, los reportes describen al gigante con una fatal cabellera dorada que destila olores misteriosos, una máscara de ángel y unos ojos que deshacen toda armadura. Según los mensajes, la piel es irracional, ya que resulta seda donde debía ser roca, y tiende a humedecerse cual gotas de rocío. Saben además, que tiene entradas, algunas de ellas ocultas, que llevan directamente al infierno.

Liliput ya no es un lugar seguro… los pequeños duendes que arremeten contra el gigante pierden la cordura, vagan sin sentido y abandonan sus posiciones.

Terminada la batalla solo quedan hebras doradas, sueños, y maldiciones lanzadas por enardecidos liliputienses que, calmando sus dolores, vuelven a su sueño de paz esperando anhelantes otro amanecer.

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