Un año más. El reloj, implacable, cuenta los minutos. El tiempo no se detiene. Ya están aquí los 22. Medio tristes, medio felices… completamente neuróticos.

Estos, por supuesto, son diferentes. Este año ha sido poco amable conmigo. Mi familia (o la mayor parte) se encuentra lejos. Mi padre no se encuentra cerca, mi hermano se proyecta ausente y,  sin embargo, lo que más me duele, lo que más anhelo, es el sonido de su sillón.

Hoy la extraño más que nunca. Hoy, cuando todos me desean feliz cumpleaños, es cuando más la necesito.

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