¿A quién no le han hecho, en algún momento, un regalo cursi?

Un peluche, una flor, una carta, un disco de música… una estrella.

Bueno, la historia es que últimamente esas cursilerías se han ido perdiendo, han ido quedando relegadas a un segundo plano en este mundo en el que deleitarse con las estrellas es un puro lujo.  El tiempo pasa tan rápido que ya ni tenemos tiempo para pararnos un segundo en la noche y mirar al cielo. Ya nadie espera que pasen las estrellas fugaces para pedir deseos.

Quizás sea una tontería  de mi parte pensar que poseo una estrella, quizás no.
Solo sé que cuando de noche me asomo a mi ventana, una pequeña lucecita me saluda. Quizás, como me dijo un principito, las estrellas brillan para que cada uno pueda, un día, encontrar la suya. No sé. Lo que sí sé es que una flor aún logra  sonrisas… y las estrellas, bueno, las estrellas no significan lo mismo para todo el mundo.

Yo voto por retomar algunas cursilerías. ¿Alguien está conmigo?

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