Tomado del libro Ciudadano Sade, de Gonzalo Suárez.

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–         ¿Pretendéis  que escribir es un acto natural? ¿O solo escribís cuando no podéis realizar vuestros deseos?

–        Realizo mis deseos escribiendo.

–         Por tanto, sois culpable en intención de los hechos que escribís.

–      Nadie es culpable de los actos que no llega a realizar.

–         ¡Porque la cárcel os lo impide!

–         Como a vos os lo impide la moral, que solo es la opinión de los demás.

–         Ese es, señor, el principio de la convivencia.

–         Ese es, señor, el principio de la conveniencia – remeda Sade.

–         Vuestra insolencia está dando al traste con vuestra conveniencia.

–         Llamáis insolencia a la sinceridad.

–         Llamáis sinceridad al cinismo.

–         Que es mejor que vuestra hipocresía.

El barón, ofuscado, se sonroja. Y no precisamente por pudibundez.

–         Os recuerdo que mi libertad no está en juego, sino la vuestra.

–         Vivir de forma contraria al pensamiento no es libertad.

–         Vivir de forma contraria a las leyes es delito.

–         Son las leyes las que crean al delincuente. Sin leyes no habría crimen. Y, sin religión, no existiría el pecado. Son las leyes y la religión las que nos hacen pecadores y criminales.

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–         Sois un sofista, marqués.

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