Cansada de esperar mi príncipe azul he decidido inventármelo.

No tiene que ser un caballero en traje Armani ni andar en un brillante Ferrari blanco (esto es el equivalente a la brillante armadura y el caballo blanco de otros tiempos).
Tampoco tiene que tener una inmensa mansión en Miramar ni una tía que trabaje en algún hotel (me refiero, por supuesto, al palacio y al hada madrina).

Mi príncipe azul lo quiero armado con un buen cerebro y con una escolta de palabras inteligentes. Quiero que venga vestido con ocurrencias y que cuando cualquier hermanastra o princesa de otro reino (muchachas poco agraciadas pero con el encanto del dinero) lleguen a su baile y le ofrezcan unas cervezas (es lo actual) se sonría y las rechace.
Mi príncipe azul puede ser rojo, blanco, verde… hasta puede tener chispitas doradas, no me importa. Tampoco tiene que ser alto y fuerte (eso sería un bonus extra).

Lo único que busco es un príncipe con ideas propias… un príncipe que me acepte tal como soy.
¿Acaso pido mucho?

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