¨ En el mundo, para que sea mundo, tiene que haber de todo ¨… esta es la respuesta que me dan cuando pregunto por qué estamos viviendo en una sociedad donde importa más el tipo de zapatos que uses que lo que almacenes en el cerebro. Actualmente pareciera que el pensar, el amar, el sentir… se han hecho prescindibles.
No lo entiendo… tampoco lo quiero entender.

Yo quiero continuar soñando que los amigos se preguntan por el último libro leído y no por cuantas ¨niñas¨ se ligaron en la discoteca, que las mujeres en las calles no se van con el mejor postor o con el que más grande auto tenga, sino con aquel hombre que sepa darle importancia a una flor, a un sueño…
Y es que son precisamente estos (mis sueños) los que me hacen sonreír cuando leo algún poema que, ante la vorágine de este mundo materialista, destila fe.

Estos versos son un regalo para aquellos que aún tienen esperanzas. Son un fragmento de un poema titulado ¨Menos mal¨ tomado del libro Confesiones del Diablo Ilustrado. Aquí les va…

…Menos mal que aún hay huellas de locuras diarias,
que hay quien llora ante un cuadro
o muerde una canción,
que hay quien busca una piedra de pasión milenaria
que hay quien no vende un verso,
que hay quien siembra una flor…

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