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Cuando lo conoció y le regaló el poema, Ann se elevó 3 cuartas del suelo. Que conste que digo 3 cuartas porque esa es la medida exacta que María me describió y yo (casi siempre) creo todo lo que me dicen. Aquel muchacho de ojos marrones la había sorprendido con un regalo hecho de versos…
Jaime Sabines había sido un desconocido hasta aquella tarde lluviosa, Ann nunca había escuchado su nombre y mucho menos leído algún pedazo de cielo convertido en poesía. Todo hasta aquel día. México le había entrado a la sangre entremezclando versos con la ausencia de besos prometidos.
María me contó la historia con ojos tristes y yo, como siempre hago, decidí guardarle el secreto. Esta vez solo lanzo al mar versos gastados…
Tú Tienes Lo Que Busco
(por Jaime Sabines)
Tú tienes lo que busco, lo que deseo, lo que amo,
tú lo tienes.
El puño de mi corazón está golpeando, llamando.
Te agradezco a los cuentos,
doy gracias a tu madre y a tu padre,
y a la muerte que no te ha visto.
Te agradezco al aire.
Eres esbelta como el trigo,
frágil como la línea de tu cuerpo.
Nunca he amado a una mujer delgada
pero tú has enamorado mis manos,
ataste mi deseo,
cogiste mis ojos como dos peces.
Por eso estoy a tu puerta, esperando.
Un lunar sin brillo que incite pecado es apenas una peca.
Pero ella… ella es una noche con estrellas.
Sus fotografías lo demostraban, sobre su espalda danzaban la constelaciones aprendidas hace 1000 años atrás. Las mismas constelaciones que deslumbraban a los marinos en altamar y a las que Pitágoras y Galileo pusieron nombres.
Aquellos lunares eran la copia exacta de la Vía Láctea y Casiopea y Orion jugaban a cazarse entre las pecas rosadas que asomaban temerosas a orilla de las montañas.
Aquella espalda no tenía lunares… estaba cubierta de estrellas.
Soy, fui y seré aquella que se desnuda por las noches, la que se moja la cabeza para que el agua corra por su cuerpo, la que disfruta el chocolate como orgasmos, la que se esconde de los fantasmas pasados, la que se disfraza de ondina para que las olas la busquen, la que llora por sus ángeles.
Fui barco sin ancla alguna vez y navegué por los mares. Hoy soy la tierra que se divisa a lo lejos, en lo alto del mástil. Mañana seré el viento que recoge hojas caídas para lograr tonos de luz en el arcoíris.
Si te gusta mi nombre solo susúrralo: Mar, Mar, Mar…
Yo la conocía, era una muchacha tímida con unos hermosos ojos verdes que soñaba con cuentos de hadas y creía en los ángeles. Yo la conocía…
Ann era el tipo de persona que no llega a la vida sin tener un sueño… uno de esos que quieren cambiar al mundo. Y Ann siempre soñaba.
Un día dejé de verla, simplemente desapareció. Lo raro fue que, a orillas del mar que ella siempre visitaba, unas olas espumosas comenzaron a aparecer mientras una mujer pelirroja se bañaba desnuda cada anochecer.
Así fue que conocí a María, envuelta en espuma y con la cabellera de fuego a merced del viento. Fue un primer encuentro bastante alucinante.
Y apareces de las sombras y me buscas, yo que hacía tanto tiempo no veía la luz.
Y me ofreces tu cuerpo y me tientas, te me ofreces húmedo, animal.
Y yo, que nada busco, te encuentro a cada paso.
Te lo vuelvo a advertir: Mis besos matan.
…Y fui y hablamos de sexo y no pasó nada… absolutamente nada… aunque parezca increíble.
Ahí estaba él, despeinado, como siempre, hablándome de fútbol (yo me pierdo por el deporte) y de pronto, sin saber cómo, caímos en el tema. El otro escribía y, de vez en cuando, miraba o asentía. Sólo se atrevía a intervenir cuando alguna temática le interesaba. Aunque más de una vez se sorprendió, de eso estoy segura.
Hablamos de todo, desde los preliminares hasta los orgasmos, incluso un poco más allá. Nos contamos cantidad, calidad y alguna que otra decepción. Cuando digo que hablamos de todo me refiero a TODO. Le comenté mis más profundos secretos y no me sentí avergonzada, él me miraba y fingía no sorprenderse (o quizás no fingía, quién sabe), yo me sentía como en casa.
Éramos tres desconocidos en un apartamento. Solos, sin interrupciones, sin prejuicios. Y no pasó nada… absolutamente nada… aunque parezca increíble.
Todo eso me contaba María… no es verdad que parece increíble?
Ann es una de esas muchachas cursis que van por la vida esperando enamorarse de cualquier extraño. Ella cree (aunque no lo diga) en esa locura llamada, absurdamente, amor. Es de las que quiere una boda blanca, con el vestido, el cake y las damas de honor incluidas. Es de las que se emociona por una flor y llora por un poema. La que no puede ver Sweet November sin derramar una lágrima, la que jamás engañaría, la que nunca miente…
Menos mal que María, que es todo lo contrario, usualmente es la que está al mando del timón.
Ya lo había olvidado (al menos eso pensaba María), ya no recordaba siquiera su sonrisa.
Hacía al menos una semana que no lo veía, creo que en realidad nunca lo había extrañado tanto, quizás aquel lunes solo había sido un sueño, o un deja vú. María ya no se acordaba.
Hasta hoy.
Apareció de la nada con su cinismo a cuestas y la desarmó con versos húmedos que olían a mar… a sueños, a esperanzas.
María no se lo esperaba. El oleaje se la llevó lejos, la hundió, la fragmentó… la devolvió en mil pedazos.
María es una muchacha un poco frágil. Tiene que tener cuidado con esas recaídas.
Ayer me preguntaba una amiga que qué he hecho en las vacaciones… bueno… la verdad es que estas han sido un poco raras. Todas mis amistades ausentes han querido regresar este año y los meses julio y agosto parecen buenos para los reencuentros.
Nada, que entre visitas y playa (eso no puede faltar) el tiempo no me ha alcanzado mucho. Por cierto, Rotilla este año no estuvo a la altura de las expectativas, no se dejen engañar.
La otra parte no tan buena es que parece ser que todos los novios de mis amigas se pusieron de acuerdo para “necesitar un tiempo solos” y la que tiene que recoger los pedazos rotos soy yo. Esa es la parte que menos me gusta, cada vez que pasa algo así la que se siente mal soy yo, no me gusta ver sufrir a las personas que quiero.
Nada, que mis vacaciones están raras… y para colmo Yudivián no aparece con mi Nutella!!!!!!
Sigo diciendo que Dulce es una de las mejores poetisas que han existido.
La Loynaz no cambia en épocas, se mantiene constante… sus versos son musicales y vuelan sobre los labios.
Este es uno de los poemas que prefiero de ella, uno de aquellos que me aprendí cuando era chica… Si me quieres.
Si me quieres quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra…
Si me quieres, quiéreme negra
y blanca. Y gris, y verde, y rubia
y morena…
Quiéreme día,
quiéreme noche…
Y madrugada en la ventana
abierta!
Si me quieres no me recortes:
Quiéreme toda… o no me quieras!



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