You are currently browsing the tag archive for the ‘cosas’ tag.
La Biblia siempre ha sido un buen libro, de esos que hay que leer se crea en Dios, en los Santos o en el mismísimo Espírutu libre de la naturaleza. Hasta hoy nunca me había dado cuenta… pero hay un paradigma actual que se derivó de ella.
ASÍ EMPEZÓ
El pueblo hebreo conducido por Moisés se detuvo a las orillas del Mar Rojo. Los perseguidores estaban muy cerca. Un hombre se acercó al gran líder y preguntó: “¿Qué harás ahora?” Moisés le contestó: “Haré que se abran las aguas, pasaremos nosotros y cuando pasen aquéllos haré que las aguas se cierren, sepultándolos.” El hombre dio un alarido de admiración y dijo: “Si logras hacer eso, te juro que te consigo ocho planas en la Biblia.” Había nacido la profesión de relaciones públicas.
Pedro Álvarez del Villar
***
Se llama relaciones públicas (RR. PP.) a la rama de la comunicación que se encarga de crear, modificar y/o mantener la imagen positiva ya sea de una empresa, organización, ente público o privado, o persona; y fortalecer los vínculos con todos sus públicos (Internos, externos o indirectos), utilizando diferentes estrategias, técnicas e instrumentos, su misión es generar un vínculo entre la organización, la comunicación y los públicos relacionados, además de convencer e integrar de manera positiva.

Y ahí estaba él… alto, de ojos negros, con el pelo gris de quien ha crecido en poco tiempo, con la Kodak al hombro (o algún otro tipo de cámara), con la mirada segura, con las manos suaves, con la palabra a flor de piel.
También estuve yo… y recorrí con mis manos sus 190 cm, saboreé con mis labios aquellas palabras a flor de piel y esperé con el cuerpo mojado por esa cámara maravillosa que prometía todo tipo de imágenes.
Fueron 3 horas de historias contadas, de páginas leídas, de cuerpos mojados… fueron 3 horas en que estábamos él, yo y la bendita cámara que documentó toda la historia.
Me encontró cuando bajaba de aquella guagua… todo pasó tan rápido que solo pude murmurar un tímido Gracias.
Era la primera vez que algo así me pasaba, nunca me lo había dicho un desconocido. La simple pregunta me sorprendió:
-Eres Marian?
-Sí, por qué?
-Yo leo tu blog.
Esas han sido las 4 palabras más lindas de esta semana.
…Y aun no sé cómo agradecértelas.
Me he convertido en acreedora… y me gusta. Incluso tengo varias deudas que cobrar.
Las promesas, cuando son bien hechas, se convierten en deudas… y yo cobro en sueños, en besos, o en buenas fotografías.
Por eso mismo es que él me debe un beso. De los húmedos, de los mojados… de los que apenas son el comienzo. Me debe el beso que me prometió: un beso largo, caliente, frío, multisabor.
Ya se lo había advertido: Las promesas, cuando son bien hechas, se convierten en deudas.
Y yo estoy pensando en cobrar la mía.
Ayer me abordó una mujer elegante y, luego de presentarse, ofreció regalarme polvo de estrellas a cambio de que la guiara de nuevo a su lugar de origen.
No pude negarme, Casiopea es la madre de Andrómeda, una de mis profetizas preferidas y el hecho de que Perseo la hubiese rescatado de aquel mounstro Cetus (a Andrómeda), al pie del acantilado, es para mi una de las mejores leyendas. Aunque según Casiopea todo fue real, incluso se atribuye la culpa al alardear de la belleza de su hija comparándola con las Nereidas, hijas del dios del mar Nereo. Por cierto, estas Nereidas son muy vanidosas y no aceptan comparaciones, por lo cual, indignadas por el atrevimiento de mi nueva amiga, le pidieron a Poseidón venganza, y este, que se deja meter el pie por cualquier mujer (ninfa u ondina) bonita, envió a Cetus. Nada, que se puede hacer un culebrón con esta historia llena de chismes. Mira que venir un hombre a resolver problemas de mujeres… cuándo se ha visto eso? Al final resulta ser que Poseidón es peor que esas pijas Nereidas.
Casiopea fue muy buena conmigo, aunque un poco vanidosa tiene buen corazón, simplemente quiere mucho a su hija. Por eso la llevé hasta su constelación, esa que se reconoce por sus 5 estrellas en forma de M, y la dejé tranquilita.
Pude haberla soñado, es cierto. Sin embargo, hoy me desperté junto a un puñado de polvo de estrellas.
…Y fui y hablamos de sexo y no pasó nada… absolutamente nada… aunque parezca increíble.
Ahí estaba él, despeinado, como siempre, hablándome de fútbol (yo me pierdo por el deporte) y de pronto, sin saber cómo, caímos en el tema. El otro escribía y, de vez en cuando, miraba o asentía. Sólo se atrevía a intervenir cuando alguna temática le interesaba. Aunque más de una vez se sorprendió, de eso estoy segura.
Hablamos de todo, desde los preliminares hasta los orgasmos, incluso un poco más allá. Nos contamos cantidad, calidad y alguna que otra decepción. Cuando digo que hablamos de todo me refiero a TODO. Le comenté mis más profundos secretos y no me sentí avergonzada, él me miraba y fingía no sorprenderse (o quizás no fingía, quién sabe), yo me sentía como en casa.
Éramos tres desconocidos en un apartamento. Solos, sin interrupciones, sin prejuicios. Y no pasó nada… absolutamente nada… aunque parezca increíble.
Todo eso me contaba María… no es verdad que parece increíble?
Yo soy de la generación de los 80, la última de los maestros por cada asignatura.
Soy de los 80, la última generación que aprendió a jugar en la calle y en los recesos de la escuela al trompo, al burrito 21, al escondido, la botellita, el come fango, el chucho escondido, el ladrón y policía, al pon con una tacha de lata de leche condensada, a la suiza, al cuatro esquina… soy la última generación que aprendió a ver los muñequitos rusos.
Y no lo digo yo solamente, me lo mandan a diario amigos en emails, los mismos amigos que alguna vez grabamos canciones de la radio, los que fuimos los últimos en ver películas versión Beta y VHS y fuimos orgullosos pioneros del walkman, el chat y los discos compactos.
Nosotros hemos aprendido lo que es el terrorismo y nos enteramos de golpe un 11 de septiembre de la caída de dos torres, pero también vimos caer el muro de Berlín y la antigua URSS.
Andábamos en bicicleta o patines sin casco, ni protectores para rodillas y codos. Los columpios eran de metal y con esquinas de punta oxidada. Aun no entiendo cómo pudimos sobrevivir.
No había celulares. Íbamos a clase cargados de libros y cuadernos, todo metidos en una mochila que rara vez tenía refuerzo para los hombros y mucho menos, ruedas y para hacer una investigación teníamos que ir a la biblioteca y buscar una retahíla de libros para tener una mínima información, luego de resumirlo claro. Ahora con la era del Internet, todo se encuentra con solo un clic.
Yo soy de la generación del 80, vi surgir Facebook, MySpace… y crecí con el desarrollo de Internet. No tuve televisores de plasma cuando niña (no existían) y no supe lo que era una computadora de verdad hasta la secundaria.
Yo soy de la generación del 80 y crecí sin necesitar todas esas etiquetas, superficialidades, celulares, computadoras, playstations que actualmente suponen la niñez.
Yo soy de la generación del 80 y tuve una infancia feliz.
Te lo advierto, mis besos son letales.
La frase dicha la primera vez como al descuido en algún parque lejano sobrevuela sus recuerdos. Tanto lo había advertido que no le había pasado por la cabeza que se hubiesen olvidado de ella. Se lo había repetido una y otra vez… sus besos eran letales.
Por eso, en aquella madrugada fría, cuando el doctor anunció la muerte repentina de aquel sujeto X, no se sorprendió. No era la primera vez que le sucedía. Había matado ya a un sinnúmero de muchachos y alguna que otra chica desprevenida.
Sus besos eran letales… pero ella siempre lo advertía.






Comentarios Recientes