Cuando escribo (como ahora) esquivando retratarme, tiendo a confundirme. Al final, contracorriente, Ann y María me dibujan un poco. Un poquito ángel y otro tanto demonio, como dijera (sabiamente) aquella personita de 1metro 20.

La Marian que escribe siempre se filtra… algunas veces aún a mi pesar.
Las historias se me parecen un poco a citas inconclusas, a deseos internos. La boda blanca, los claveles rojos, los besos húmedos, los dandys escondidos entre canciones (a veces incluso no tan escondidos)…

La Marian que llora o hace llorar es la misma que se enamora de muchachos de ojos marrones. Marian es María, es Ann… Marian, soy yo.

Advertisement