Estás navegando por los archivos mensuales para diciembre 2011.
Este es un post pequeñito, de esos que solo tienen 3 líneas. No necesita más. Al fin y al cabo, para desear un buen año nuevo solo se requieren 3 palabras.
Yo, además, les deseo: amor, paz, prosperidad y un muy FELIZ FIN DE AÑO.
Yo pensaba que estaba muerto,
creía que las 150 puñaladas,
que inocentemente
le había clavado,
habían callado su canto.
Aquel corista,
con su voz tan poco melodiosa,
estaba destrozando
una canción de los Beatles.
Por supuesto,
esa es una,
de las pocas cosas,
que no se pueden permitir.
Ann es una de esas muchachas cursis que van por la vida esperando enamorarse de cualquier extraño. Ella cree (aunque no lo diga) en esa locura llamada, absurdamente, amor. Es de las que quiere una boda blanca, con el vestido, el cake y las damas de honor incluidas. Es de las que se emociona por una flor y llora por un poema. La que no puede ver Sweet November sin derramar una lágrima, la que jamás engañaría, la que nunca miente…
Menos mal que María, que es todo lo contrario, usualmente es la que está al mando del timón.
Un libro bueno,
una canción vieja,
un vestido rojo,
unos tacones altos,
un beso mojado,
un nomeolvides,
(o un clavel)
si se da el caso.
Un abrazo fuerte,
una caricia tierna,
una bufanda negra,
una botella de vino
(tinto de ser posible),
una visita
nueva, de alguien
agradable.
Y a ti.
Para ser feliz
solo requiero
pocas cosas.
Te lo advierto, mis besos son letales.
La frase dicha la primera vez como al descuido en algún parque lejano sobrevuela sus recuerdos. Tanto lo había advertido que no le había pasado por la cabeza que se hubiesen olvidado de ella. Se lo había repetido una y otra vez… sus besos eran letales.
Por eso, en aquella madrugada fría, cuando el doctor anunció la muerte repentina de aquel sujeto X, no se sorprendió. No era la primera vez que le sucedía. Había matado ya a un sinnúmero de muchachos y alguna que otra chica desprevenida.
Sus besos eran letales… pero ella siempre lo advertía.
Definitivamente… si hoy me persigues me alcanzas.
El juego que solíamos utilizar para llevar a cabo nuestros complots se me hace una 4ta parte de la película Misión Imposible (a no ser que juguemos en cámara lenta). El esguince en mi tobillo derecho a venido a estropearlo todo… se burla descaradamente de mí.
Un lunes fatídico… como diría mi abuelita… y una semana sin Internet.
Perdonen mi ausencia de comentarios… échenle la culpa al pie.
Me escondo de ti, de mi madre, de mi padre, de mis hermanos… me escondo de mi misma.
Me escondo de la muerte que me anda buscando; y la vida, por estar yo tan bien escondida, tampoco me encuentra. Ando escondida de la luz, de las sombras, de la tierra, del agua, hasta del mismísimo aire me escondo. El único que me comprende es mi amigo el fuego, que me permite abrigarme en sus llamas de vez en cuado.
Así ando yo… escondiéndome del mundo. Tengo miedo que me encuentre y me haga sentir.
Si se pudiese volar me gustaría tener unas alas bien largas con plumas blancas (no quiero alas tecnológicas), me quedo con las tradicionales.
Si se pudiese volar volaría lejos del Sol hacia alguna estrella azulada (Ícaro demostró que el Sol es peligroso), quizás hasta me embullara y visitara al Pincipito. Todo depende de cuán lejos me quede B612.
Si se pudiese volar me lanzaría en picada con las alas recogidas y, a sólo 3 metros del suelo, las abriría. Me atrae el peligro.
Si se pudiese volar te visitaría y haríamos un picnic en las nubes… algo así como un paseo ecológico.
Si se pudiese volar inventaríamos historias tórridas rodeados de aguaceros… justo como aquel día gris, entre ciclones (exactamente como la película).
Si se pudiera volar te buscaría. Sé que como ángel debes vivir en el cielo.
El me ve, sé que me observa mientras camino, siento sus ojos sobre mi nuca… vigilándome.
Yo, como si nada, continúo mi andar sinuoso y le dedico la mejor de mis sonrisas al muchacho de ojos azules que lee aquel libro gastado. Márquez en sus manos se ve delicioso.
Me volteo y una ráfaga de aire vuela mi saya… una pequeña franja de muslo asoma a la vista de aquel que aún me sigue. Temo mirar atrás. La saya roja continúa su lucha contra el viento que está determinado a arrastrarla en su ascenso… ya no es tan pequeña la franja de piel mostrada.
Incremento mi paso y, ante el apuro, un mechón rebelde escapa del apretado moño que suelo llevar, la visibilidad es escasa y los rizos no quieren volver a acomodarse.
Asustada, termino por soltarme el pelo y apurar la caminata que me lleva hacia el trabajo. A la vuelta de la esquina me paro y escucho, creo que lo estoy perdiendo… ya no siento sus pasos en mi sombra.
Respiro aliviada y retomo mi paso antiguo… el lento, el cadencioso.
Cada día es así… jugamos a cazarnos. Esta vez me tocó a mi ser la presa.
… Hay padres y padres. Personalmente pienso que el título del post y la primera oración están muy relacionados.
A ver… para entrar en tema. Conozco a alguien (no voy a ser tan chismosa de decir quién) que conoce, en su trabajo, a una inocente muchacha de pelo crespo y ojos marrones llamada Juana Berta. Definitivamente los padres de la muchacha no tuvieron en cuenta las bromas escolares. Si sólo hubiese sido Juana… o quizás Berta… vaya y quizás pasara… pero los dos juntos!!! Se imaginan la primaria? Si yo hubiese sido ella llegaría siempre tarde para no estar presente cuando me mencionaran en la lista. De madre!!!
Pero la pequeña Juana no es la menos desafortunada, noooooooooo, para nada.
En el comité central de la misma persona que conoce a Juanita se encuentra un personaje conocido en todo su barrio. Tiene 56 años y es albañil. Se llama Mamerto.
Cuando me hicieron el cuento estuve rodando 1 hora por el piso. Mi mamá suele decirle así a las personas muyyyyyy flaquitas que tienen la cabeza grande. Nada, que me imaginé a Mamerto como un muñeco de carnaval.
Por cierto, me dice mi informante que mi imaginación no está muy alejada de la realidad, Mamerto le hace honor a su nombre.
Hay padres que no se imaginan los daños que les causan a los hijos con semejantes nombrecitos. Por eso la máxima de que hay nombres y nombres… hay padres y padres.



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