Hoy, desayunando, corriendo para llegar temprano a una clase que resultó inexistente, frases intercambiadas con mi madre me pusieron a pensar en aquellas personas que de una manera u otra conspiran secretamente para hacerte feliz.

Yo llamo a esas personas ¨ ángeles de la guarda¨.

Mi ángel vive conmigo y tiene casi 99 años, se llama Oliva.

Cuando pequeña, ella era quien se las arreglaba para llevarme a la escuela, disfrazarme con sus ropas y jugar a las escondidas. Inagotable su energía, competía conmigo en encontrar escondites originales (a veces hasta me ganaba), almacenaba besos, dibujos, incluso los pequeños papelitos que rezaban: Oli te quiero.

Actualmente mi angelito está un poco cansado, ya no recuerda aquellas tardes llenas de dulces, de besos, de papelitos… ya no recuerda.

Pero aquí entre nosotros confieso que continúa siendo mi ángel, mi persona favorita.

Y es la mejor en su trabajo de ángel, pareciera que en sus 1.26 m de estatura estuvieran almacenados todos los sentimientos buenos del mundo.

A aquellos que aún tienen esos ángeles rondando cerca les mando un consejo: antes de salir, antes de desayunar, antes de dormir… pasen cerca de esos ángeles y róbenles un beso, un abrazo.

Pasen cerca y susúrrenle al oído: Te Amo.

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